Si yo anduviera en misión exploratoria por los desolados parajes de la Antártida, nada me complacería más que encontrarme con una tasca como Casa Amadeo.
Afortunadamente, Casa Amadeo no está en la Antártida, sino en pleno Rastro de Madrid, en la plaza de Cascorro.
Desde 1942 esta taberna es famosa por sus caracoles.
El caracol, molusco que medraba en los amenos huertos de los alrededores de Madrid, tuvo muchos partidarios entre los vecinos de esta villa por su precio accesible y su buena combinación con ricas salsas.
Yo no soy muy de caracoles, lo confieso, pero los de Casa Amadeo me parecen exquisitos.
Además, hoy en día no abundan los sitios donde ofrezcan caracoles, debido a lo trabajoso de su limpieza y preparación.
Pero además, entrar en esta casa es recibir en el ánimo esa vaharada de calorcito y bienestar que solía caracterizar a las tabernas castizas de pro.
El tabernero, Amadeo, es una institución en la tabernería madrileña. Nuestro hombre es el tabernero veterano de Madrid. oficio: ¡Lleva casi ochenta años detrás de un mostrador!
«Yo soy un filósofo selvático, no asfáltico» proclama orgulloso.
Su vitalidad, su filosofía, su carisma, enseguida atrapan al paseante.
«Yo soy de Burgos, como el Cid» afirma, y en esta provincia nació, en Adrada de Aza, hace 89 años.
Con diez años empezó a ayudar en las tareas tabernarias y pronto aprendió que la gente no va a las tabernas  a tomar vino, sino a tomar ánimo para seguir bregando.
Todo está rico en esta casa: el bacalao, los zarajos, los callos, los torreznos, la morcilla…
Y volviendo a los caracoles, Amadeo no solo te los sirve, sino que te enseña cómo hay que tomarlos:
Es preciso echar la cabeza para atrás al introducirlos en la boca.
Y otro consejillo: la cáscara sirve como cuchara para beber el caldo.

 

Amadeo está en la plaza de Cascorro nº 18, esperemos que por muchos años.
Hay que disfrutar de esta joya mientras nos dure.
Fotos: Carlos Osorio.