La tradición de comerse un bocadillo de calamares cuando uno va al centro de Madrid se extiende en los años cincuenta, en una época en que algunos productos del mar como las gambas, los mejillones o los calamares, empezaron a tener unos precios muy económicos en el mercado del pescado de la Puerta de Toledo.
Es posible que ya en los inicios del siglo XX existieran los bocadillos de calamares, pero no como una costumbre popular generalizada.
La receta de rebozar los calamares en harina y huevo viene precedida del famoso bacalao rebozado y este, por su parte, tiene su precedente en los buñuelos de bacalao que se vendían en todas las calles madrileñas en siglos pasados.
En todo caso, el bocadillo en general es un producto muy demandado desde siempre en  la capital del reino, pues al ser un lugar de enorme tránsito de currantes y viajeros, productos como las empanadas y los bocatines servían para satisfacer el hambre de un modo rápido y económico.
Y aquí tenemos el monumento al bocata de calamares en el bar «El Brillante» de Atocha.

Fotos: C. Osorio.