Desde que se pone el sol y hasta las diez o las once se puede ver a Venus, la estrella más brillante, el planeta más cercano, justo al oeste, iluminando la noche madrileña. Diamante en los dedos del aire suave y oscuro, pupila de alabastro de la gata madrileña, la más femenina y blanca piel que pueda existir. Venus en nuestro cielo, nos besa en los párpados antes de irnos a dormir.
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