La palabra rastro significa matadero, y nos recuerda que en un lugar próximo a la Plaza de Cascorro se estableció a fines del siglo XV el primer matadero municipal: el Matadero Viejo de la Villa.
Así lo describía Covarrubias Orozco en su libro “El tesoro de la lengua castellana o española”, de 1611: “El lugar donde matan los carneros…díxose Rastro porque los llevaban arrastrando, desde el corral a los palos donde los degüellan, y por el rastro que dexan se le dio este nombre al lugar”
En torno al matadero del Rastro se instalaron los talleres de oficios relacionados con el aprovechamiento de las reses sacrificadas, fundamentalmente los curtidores, que utilizaban las pieles de los animales. Las curtidurías o tenerías se colocan a ambos lados del arroyo que comenzó a llamarse: “arroyo de las tenerías”. Este arroyuelo terminó siendo entubado al urbanizarse la calle Ribera de Curtidores.
Cerca del Rastro se van a instalar otros gremios que aprovechan las pieles, como los
zapateros, los guanteros, los guarnicioneros, los maleteros, los pergamineros…
Posteriormente llegan los ropavejeros o traperos, los quincalleros o vendedores de objetos metálicos, los libreros de lance y los vendedores de artículos usados.
Desde 1751 se tiene constancia documental de la existencia del mercadillo dominical de objetos usados que había adoptado el nombre del matadero aquí existente: El Rastro.
Fotos 3, 4 y 5: Archivo Ragel.