Cuatro mujeres, dos ancianas y sus cuidadoras, echan la mañanita en el Paseo del Prado. A su alrededor la vida pasa febril e impetuosa. El Paseo del Prado, que fue el lugar de encuentro y tertulia de los madrileños, es hoy tan solo un lugar de paso. Casi todas las calles y plazas se han convertido en lugares para transitar, por eso es hermoso que alguien las use para “estar”, porque la vida no consiste solo en ir corriendo de acá para allá, sino también en echar buenos ratos de amigable conversación en la calle, en la plaza, en la ciudad.