La calle de Fuencarral no ha vuelto a ser la misma desde que, en 2002, a poco de cumplir un siglo de existencia, cerró la sidrería Corripio.
Corripio de la Concepción, se llamaba su dueño, y todo el local estaba lleno de encanto: 
la simpatía y la profesionalidad de los camareros, el ciego que llevaba la contabilidad, los barriles de madera y las tinajas de cerámica, el vino alegre y el vino triste, con o sin empanada, los bocadillos de calamares…

(Foto: Entredosamores.es)
Hoy en Fuencarral hay decenas de nuevos bares, unos mejores y otros peores, pero prácticamente ninguno con personalidad, y eso es lo que echamos de menos los asiduos a Corripio, y no podemos evitar recordarlo siempre que pasamos por Fuencarral, 102.