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Hoy quiero recordar a una mujer un tanto olvidada, pese a que tuvo en sus manos las ediciones de la primera, y especialmente de la segunda parte del Quijote, el gran libro de la literatura española del Siglo de Oro.
Poco se sabe de María de Quiñones, una de las primeras empresarias que tuvo Madrid, y de una actividad tan noble y fundamental como la edición de libros.
María fue mujer del impresor Pedro de Madrigal (hijo) que tenía su imprenta en la calle Atocha esquina a la Costanilla de los Desamparados. Su marido murió y ella se casó en segundas nupcias con un oficial de dicha imprenta: Juan de la Cuesta, en 1604. Pese a que María era la heredera, la imprenta fue puesta a nombre del marido, como era costumbre.
No era una imprenta muy buena, pero era gente de fiar, por eso Miguel de Cervantes la eligió para hacer la primera edición de El Quijote.
Lo cierto es que De la Cuesta andaba muy atareado con sus viajes, y de forma creciente María se fue ocupando de la imprenta. En aquel entonces las mujeres no podían figurar como propietarias de un negocio, por eso hasta que María enviuda por segunda vez no puede poner su nombre a una actividad que llevaba tiempo realizando por sí misma.
La imprenta se trasladó a un lugar próximo, en la calle de San Eugenio (Una placa lo recuerda) y allí se realizó la edición de la segunda parte del Quijote en 1615. Es razonable pensar que fue María la dirigió personalmente esta segunda edición, ya que De La Cuesta paraba poco por la imprenta.
A partir de 1633 María comienza a firmar sus ediciones con su propio nombre, y debió de ser por estas fechas cuando abrió una sucursal de su imprenta en la calle que hoy lleva su nombre, la calle Quiñones, cerca de la plaza de Comendadoras.
A la muerte de su segundo marido, Juan de la Cuesta, María comenzó a firmar como viuda de Pedro de Madrigal, su primer marido. Por alguna razón, no guardaba muy buen recuerdo del segundo.
Al parecer, los nuevos talleres ocupaban un amplio solar, en el que en 1668, al desaparecer la imprenta,  se construyó el convento de Montserrat.
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De la imprenta de la calle Atocha decir que se conserva, reconstruido, el edificio, donde figura una placa que recuerda a Juan de la Cuesta (se olvidan de mencionar a María).
Bien, vamos a referirnos a la casi desconocida imprenta de la calle Quiñones.
En la imprenta de María, en esta calle próxima a San Bernardo, tuvo lugar la firma del acuerdo por el cual se designó a unas determinadas monjas, las Comendadoras de Santiago, para que ocuparan el recién construido convento de las Comendadoras. De ahí viene el nombre de una calle perpendicular a Quiñones que se llama calle del Acuerdo.
Lo cierto es que en la historia del barrio de Maravillas hay un poco de lío porque en un momento dado alguien confundió a María con una dama de siglos atrás que se apellidaba igual, pero no la tal Elvira Quiñones de la que hablan varios libros, casada con Iñigo López de Mendoza, vivió en el siglo XV, y no en el XVII. La calle de Quiñones, por tanto, recuerda a María y no a Elvira, vamos a dejarlo claro de una vez.
Bien, hablando de la casa de María, en la calle Quiñones, hay que decir que se conservó hasta una fecha relativamente reciente, 1930, cuando fue derribada, como otros tantos edificios emblemáticos de nuestra ciudad. La casa de María Quiñones estuvo situada en la esquina de esta calle con la calle Acuerdo. Menuda sorpresa me llevé cuando ví esta foto: ¡Es la casa, la auténtica casa de María Quiñones!:
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Madrid fue la novena población de España en tener imprenta propia después de Alcalá de Henares, Medina del Campo, Sevilla, Salamanca, Burgos, Toledo, Valladolid y Granada, las cuales suministraban libros a nuestra ciudad. La importancia de María de Quiñones es notoria por ser una de las primeras figuras de la imprenta madrileña y porque con gran probabilidad participó en la edición  del Quijote.
María murió en 1669 pero su último impreso fue de 1666. Entre sus obras destacamos: «Practica de boticarios», «Guía de enfermeros», «Remedios para pobres», «El amor medico» (1635) de Tirso de Molina, «Arte de cocina, pasteleria, vizcocheria y conserveria» (1653) de Francisco Martínez Montiño, y su último impreso «Sarao de Aranjuez» (1666).
Esperemos que poco a poco la investigación histórica vaya desvelando las grandes lagunas existentes en la biografía de esta mujer, y desde aquí proponemos a quienes realizan tesis doctorales que si pueden, que nos ayuden a rescatar del olvido a una gran madrileña: María de Quiñones. Y de paso, no estaría de más anotar su nombre en las placas que hay en las calles Atocha y San Eugenio, y ponerle a la calle Quiñones su verdadero nombre: calle de María de Quiñones.
Bibliografía:
«Curiosidades y anécdotas de Madrid», Isabel Gea.
Agulló y Cobo, Mercedes. «La imprenta y el comercio de libros en Madrid» [Recurso electrónico] : (siglos XVI-XVIII). Madrid : Universidad Complutense.
«Impresoras de Madrid en el siglo XVII» BNE.
Delgado Casado, Juan. Diccionario de impresores españoles : (siglos XV-XVII). Arco/Libros, 1996.
«Mujeres en la Biblioteca Histórica: María de Quiñones, una impresora notable en el Madrid de los Austrias» Rodríguez Muriedas, Mayte.