Perfumería Rosi. Gran Via, 10
Entre las tiendas elegantes que se instalaron en la recién creada Gran Vía, además de las camiserías, joyerías, peleterías, cafeterías y cines, no podían faltar las perfumerías.
En 1920, un químico abrió esta perfumería, a la que llamó “Salomé” en la que fabricaba sus propios perfumes. Sus aromas y ungüentos tuvieron tanto éxito que aún viene gente preguntando por ellos, pese a que hace décadas cambió de dueños. En 1946 se hizo cargo del negocio el padre de la actual dueña, Rosa García. La lámpara, la barandilla del despacho superior, el mobiliario creo que es de estilo Luis XVI) y el suelo de terrazo in situ, conforman una decoración de gran categoría artística que merecería figurar en la lista de comercios protegidos.

Fotos: Carlos Osorio