En el siglo XVI vivía en esta mansión de a Plaza del Rey una hermosa dama llamada Elena. Elena había heredado la casa de su padre, un montero del Rey. Todas las noches, recibía la visita de un importante personaje. Esto dio origen a toda clase de rumores y habladurías.
El personaje importante, harto de murmuraciones sobre estas visitas nocturnas, decidió casar a la dama con un oficial de la armada: el capitán Zapata. Pasados unos meses, el capitán hubo de partir a la guerra de Flandes. Allí murió en el combate.
La joven viuda vivió una vida retirada durante un tiempo hasta que un día, los vecinos, intrigados por no verla salir o entrar, forzaron la puerta y la hallaron muerta sobre la cama. Fueron a llamar a las autoridades, pero al volver, el cadáver había desaparecido. A causa de la superstición, nadie quiso habitar la casa durante los años siguientes.
Varios vecinos aseguraron que, algunas noches, la figura de una mujer vestida de blanco, con los cabellos al viento, andaba por los tejados portando una antorcha en la mano, y también contaron que la dama de blanco se arrodillaba mirando hacia el poniente, dándose golpes de pecho.
Esta historia fue puesta de actualidad a finales del siglo XIX, cuando al reformar el edificio, entonces propiedad del Banco de Castilla, se encontraron entre los muros de los sótanos, el esqueleto de una mujer y varias monedas de la época en que había fallecido la hija del montero real.