Madrid tiene un valioso patrimonio de viviendas tradicionales que son parte inseparable de su paisaje urbano. Edificios donde se combina la belleza con la utilidad, la racionalidad con el arte. Son en su mayoría viviendas residenciales construidas en el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Este patrimonio histórico artístico se protegió en los años 80, en época del alcalde Tierno Galván. Sin embargo, estas medidas de protección son poco eficaces, ya que durante las últimas décadas, especialmente en los mandatos de los alcaldes Gallardón y Botella, se han derribado decenas de edificios protegidos.

El caserío del centro histórico de Madrid cuenta entre sus valores con la solidez y la perdurabilidad. Es muy difícil que un edificio de esta época se caiga. En 2001 dos edificios madrileños, uno en Alberto Aguilera y otro en la calle Factor, se derrumbaron. En el primer caso, una reforma temeraria había eliminado los muros de carga de los sótanos. En el segundo caso, los propietarios habían agujereado los tejados para que la lluvia socavara el edificio. Fueron dos derrumbes provocados, pero sirvieron como excusa para crear unas normas que favorecían la declaración de ruina de los edificios históricos.

Por el contrario, vemos como muchos de los edificios construidos en los últimos 70 años aparte de carecer de arte y de estética, son edificios endebles y de rápido envejecimiento; entre ellos toda una serie de edificios anodinos que despersonalizan nuestra ciudad.

Proteger los edificios con historia y con encanto es un deber de todos los madrileños para que las generaciones futuras puedan disfrutar del patrimonio histórico y arquitectónico de Madrid.