El madroño, árbol del escudo de Madrid, fructifica entre octubre y diciembre. Sus frutas anaranjadas y rojizas están cubiertas por unos granitos muy duros, pero el interior es muy sabroso. He hecho mermelada añadiendo la misma cantidad de azúcar que de fruta y el zumo de medio limón y removiendo al fuego durante 20 minutos. (Previamente hay que quitar con paciencia la cáscara y la semilla de los madroños) Es laborioso, pero la mermelada está rica.
Parece ser que este árbol nunca fue abundante en nuestra tierra, y con el crecimiento de la ciudad por poco desaparece.
En Madrid ciudad hay un único madroño de gran tamaño: el de la Plaza de la Lealtad, enfrente del hotel Ritz. Además, en los ochenta se plantaron bastantes madroños en el Paseo del Prado, La Castellana y parques como El Retiro. Recientemente, el madroño se ha recuperado compo arbusto en la Casa de Campo.
Cuando reformaron la Puerta del Sol, allá por el 88, escribí a los periódicos pidiendo que al menos hubiera un árbol, a ser posible un madroño. Tiempo después pusieron varios madroños en macetas enormes, estas han desaparecido en la reforma de 2009.

El Madroño en Latín se llama “arbutus unedo”, es decir, árbol del que hay que comer solo un fruto. Eso es porque los frutos tienen algo de alcohol y pueden emborrachar; pero no pasa nada por comerse un puñado. Habría que zamparse cincuenta para embolingarse, y puede que a la barriga no le fuesen muy bien, aunque parece ser que es astringente. A finales de los 70 comenzó a popularizarse el licor de madroño, que ha llegado a ser un producto típico de Madrid.  La foto la hice la semana pasada cerca de la sierra.

Foto: C. Osorio