Nacido en Rivadesella en 1776, este abogado y político vivió y murió en Madrid. Fue uno de los principales impulsores de la Constitución de Cádiz de 1812. Su amor por las libertades le costó la cárcel durante 5 años y luego el exilio en época del tirano Fernando VII. A la muerte de Fernando VII, fue nombrado tutor, o instructor, de la reina niña Isabel II. A su entierro en Madrid acudieron 60.000 personas.

Un barrio madrileño del Ensanche lleva su nombre, y en dicho barrio hay una calle que le recuerda: la calle del Tutor.  También se le hizo una estatua, obra de José Alcoverro, que fue colocada en el final del bulevar de Alberto Aguilera, en la esquina con Princesa. Tras la guerra civil la estatua fue retirada. Con la llegada de la Democracia, se instaló de nuevo en la calle Princesa a la altura de Quintana. Más tarde se llevó a la confluencia de Ferraz con Rosales, que es donde se encuentra actualmente.