Este hombre cuya inteligencia y resolución transmite a la perfección este retrato de Sorolla, es Leonardo Torres Quevedo, uno de los grandes científicos españoles.
Torres Quevedo (1852-1936) nació en Cantabria y vivió en Madrid, en la calle Válgame Dios, en el barrio de Chueca.

Entre sus inventos destaca el transbordador de pasajeros que surca las cataratas del Niágara, y que todavía está en funcionamiento.
Pionero en el invento del radiocontrol, asombró a todos los que presenciaron cómo manejaba una barca con un mando a distancia en la ría de Bilbao.
Creó el primer dirigible español, que fue utilizado por Inglaterra y Francia en la primera guerra mundial.
Muy interesado en la pedagogía, creó patentes de máquinas de escribir, un precedente del puntero láser, toda una serie de máquinas analógicas de cálculo y unos curiosos prototipos mecánicos, llamados ajedrecistas, con los que se podía jugar al ajedrez.
Como científico apasionado que era llegó a decir que su meta era sustituir la mente humana por máquinas.
En la Escuela Técnica Superior de ingenieros de Caminos existe un pequeño museo dedicado a este gran inventor.
Valga este homenaje a nuestro querido científico como un homenaje a todos los científicos españoles que han sido expulsados recientemente de sus puestos de trabajo y a los que han tenido que emigrar a otros países después de la política de recortes a la investigación, una política que nos garantiza a los españoles un presente y un futuro muy claros: hambre para hoy y hambre para mañana.
Fotos: Wikipedia y Museo Torres Quevedo.