Qué duda cabe que el Madrid de los años cincuenta era muy diferente al actual, y solo en aquel Madrid es posible imaginar una anécdota como la del caballo Polvorilla.
El dueño de este purasangre, Juan El Pavo, solía venir a las tertulias taurinas de la Cervecería Alemana montando a caballo desde Getafe. Y eso es lo que hizo aquel viernes a mediodía.
Juan El Pavo dejó su caballo en una cuadra de la calle Toledo y se fue tan contento a su tertulia, en la que estaba reunida la flor y nata del toreo, entre ellos los Dominguín y los Ordóñez.
Pasaron las horas y el caballo, que se aburría enormemente, echó de menos a su amo y se fue a buscarlo por los bares de Madrid. Finalmente, dio con él y penetró en la cervecería reclamando algo de beber.
Juan El Pavo pidió que le obsequiaran con medio cubo de cerveza, que el animal disfrutó agradecido, y luego los toreros pidieron ayuda a Polvorilla para rellenar una quiniela.
El caballo indicaba los resultados quinielísticos golpeando el suelo con su pezuña:
un golpe para indicar el uno, dos para el segundo, y tres golpes para el empate.
Lamentablemente, el caballo equivocó los resultados. ¡Sería por la cerveza!

Fuentes: ABC
Cerveceríaalemana.com