Frente al Auditorio Nacional, al otro lado de la calle Príncipe de Vergara, se extiende una pequeña colonia de chalecitos llamada La Cruz del Rayo.

 

Proyectada en 1928 por el arquitecto Eduardo Ferrés y promovida por los funcionarios públicos, esta colonia de hotelitos seguía el modelo de la ciudad-jardín de Howard.

 

La colonia sufrió varios intentos de derribo, hasta que por fin se logró su protección arquitectónica.
El paseante siente por un momento que se haya en una isla, fuera del estruendo de la gran ciudad, una isla civilizada y bella.

 

Dicen que el lugar se denomina Cruz del Rayo por una cruz de piedra que aquí existió que resultó dañada por un rayo en una tormenta. Hoy una estación de metro lleva este nombre.

 

Entre el olor de algún jazmín y alguna madreselva el paseante piensa que la ciudad podría haber sido muy diferente si en vez de la especulación hubiese prevalecido el humanismo.

 

De pronto uno se da de bruces con uno de esos edificios contemporáneos que sustituyeron a alguna villa derribada y le cambia la cara.

 

La colonia de La Cruz del Rayo merece un paseo. Un paseo al que yo le pondría un broche de oro en el Bar Alonso, un bonito y sabroso garito de 1957 en la calle de Gabriel Lobo.
Si te interesa la historia de esta colonia te recomiendo el buen reportaje que hizo sobre ella el bloguero e investigador Enrique Fidel.