Las primitivas tiendas de Madrid no tenían escaparates ni letreros. Se anunciaban sacando algunos productos a la calle, o colgando de la puerta algún objeto a la venta. Eran simples almacenes o encierros donde se guardaba el género que se vendía en la calle, bajo los soportales o en las plazas. Aquellas tiendas e iluminaban con la luz natural que entraba por las puertas o por unas estrechas y enrejadas ventanas. Los dias nublados o al atardecer encendían candiles de aceite o velas, luego, en el XIX, luces de carburo o de gas, y en el siglo XX luces eléctricas.
A mediados del XIX, la industria comenzó a producir grandes lunas de cristal y surgieron los primeros escaparates. Ya no era necesario sacar el género a la calle para que se viera. Se podía contemplar a través de los grandes ventanales. Surgieron entonces las tiendas elegantes, las tiendas que hoy llamamos tradicionales.
Fotos: Carlos Osorio.
Del libro: «Tiendas de Madrid»