Dos hipótesis podrían explicar el origen del nombre del barrio. Una hace referencia a la necesaria higiene tras largos viajes por caminos polvorientos. Otra, a las torrenteras que se inundaban súbitamente con las tormentas.
Sobre el origen del nombre de Lavapiés, yo tengo mi propia hipótesis. Hemos de recordar que en siglos pasados los caminos eran de tierra y lo normal era que los caminantes acumulasen en sus pies una buena cantidad de polvo. Lo habitual al terminar un largo viaje era lavarse los pies, que era la parte del cuerpo más necesitada de un baño higiénico y a la vez calmante. Puede ser que los caminantes utilizaran algún pilón o abrevadero de ganado para este menester, pero también es posible que se lavaran en un arroyo.
También hay quien atribuye el nombre a los torrentes que abundaban en la zona antes de su definitiva urbanización.
Las actuales calles de Jesús y María, Lavapiés, Olivar y Ave María forman una especie de abanico que confluye en la plaza de Lavapiés. Son calles de origen fluvial, donde las casas se fueron construyendo en torno a las torrenteras.
Estos torrentes, que solo llevaban agua cuando llovía, confluían en un único arroyo que continuaba por la actual la calle de Miguel Servet. Tras atravesar el barranco de Embajadores, las aguas afluían en el río Manzanares.
El paseante que caminaba por Lavapiés en los siglos pasados debía andarse con ojo siempre que las nubes amenazasen con aliviarse impetuosamente de su húmedo contenido. Cada vez que llovía, los numerosos torrentes que surcaban este terreno descendente se llenaban bruscamente de agua y sorprendían al desprevenido paseante mojándole los pies. Y de mojarse o lavarse accidentalmente los pies vendría la palabra lavapiés.
Del libro: «Lavapiés y El Rastro» de Carlos Osorio.