Esta mañana he salido a corretear por el año nuevo.
Algunos paseantes caminaban en zig-zag tras una noche de farra.
Un tipo daba gritos cagándose en la madre de no sé quién porque “nosequién” no había cumplido su promesa. Tal vez ignora que no hay que fiarse de las promesas que haga un Bobo-Esponja empapado en alcohol.
Una chica camina muy por delante de su chico. Lleva el rímel corrido y una mirada tensa capaz de dejar K.O a alguien con sólo un golpe de vista. Detrás va su chico con el gesto torcido y solo le falta un bocadillo nebuloso tipo cómic donde ponga: “Vaya, parece que la noche no va a terminar como yo esperaba”
En un banco hay una botella de ron medio llena o medio vacía, un montón de envases de plástico y varias serpentinas pisoteadas. Es la foto habitual del amanecer del año nuevo.
Salto para no pisar la meada de un guarro.
Corro por el parque del oeste, sintiendo la caricia fresca del aire de la Sierra.
Los árboles sin hojas permiten contemplar la armonía de las ramas.
Pienso en mis pensamientos:
Ayer decía el periódico que la Bolsa ha ganado este año un 30%. ¡No te jode! ¡Los mismos que han creado la crisis ganan un 30% y los demás a fastidiarse! Solo espero que los ciudadanos sepamos cambiar las cosas, para que el sistema no permita que unos pocos jueguen con la economía de la inmensa mayoría. Estoy harto de cierta gentuza, de los que inventan las crisis, de los que se forran a costa de la miseria ajena, de los que hacen obras públicas absurdas en vez de hacer cosas útiles, de los que inventan epidemias para forrarse vendiendo vacunas…de esta gente a la que me temo que voy a tener que seguir soportando un año más…
El almendro del parque tienen unas yemitas verdes en la punta de las ramas. O mucho me equivoco o en un par de semanas el árbol estará en flor.