Un arquitecto muy inteligente, el catedrático Miguel Moya González, aporta interesantes ideas para mejorar nuestra ciudad.

“Seis claves urbanísticas para cambiar Madrid”

“Es posible todavía otro modelo de ciudad que no esté basado en el beneficio individual, la fragmentación, el espectáculo, y la publicidad, sino respectivamente, en el beneficio colectivo, la continuidad, la cultura y lo público. Pues el actual está conduciendo a una progresiva expulsión de los menos fuertes, económica y físicamente, y un incremento de la agresividad en una ciudad tradicionalmente amable.
En las claves que siguen, se propone un modelo cívico basado en un desarrollo urbano equilibrado que fomente la convivencia, la solidaridad, el empleo y el confort. En términos urbanísticos, consiste en pequeñas transformaciones de bajo presupuesto y concertadas en una interacción sistemática entre usuarios y técnicos, método que permite ajustarse con flexibilidad a los continuos cambios de una gran ciudad. La historia demuestra que las actuaciones desarrolladas en el tiempo y llevadas a cabo con austeridad, son más efectivas y flexibles que otras espectaculares pero efímeras por impuestas y rígidas.
Madrid es una ciudad con gran potencial. Algunos gestores y técnicos somos conscientes de que para desarrollarlo es necesaria la aportación de los que la viven, frente a la actitud autoritaria avalada con figuras prestigiosas.

Las claves son:

1. Defensa de lo público y reequilibrio de la calidad urbana, especialmente entre los barrios del sur y del norte, mediante una estrategia global e intervenciones estructurantes del conjunto.
El objetivo es conseguir, con acciones coordinadas, que todas las zonas de la ciudad sean autosuficientes en el desarrollo de sus actividades, diversificar y distribuir el tejido urbano de carácter económico y evitar la fragmentación en recintos privatizados (pomposamente llamados “ciudades”).

2. Reducción del tráfico privado y fomento del transporte público, bicicletas y ciclomotores, lo que supone un nuevo diseño de los espacios públicos, con criterios intergeneracionales y de accesibilidad universal.
Creación de una red continua de espacios verdes en la que se incluyan los antiguos bulevares y vacíos urbanos, recuperados y equipados, frente a actuaciones como la Calle 30, concebida para el coche, y con un gasto de miles de millones de euros, endeudando a los madrileños para los próximos 30 años en detrimento de obras imprescindibles (autovía de 32,5 kilómetros de recorrido total, 6,5 de los cuales subterráneos, con sección superior a la que tenía anteriormente, lo cual supone mayor tráfico y contaminación para los habitantes, revestida con despilfarro de materiales lujosos como el granito y pasarelas monumentales).

3. Rehabilitación integral de barrios que incluya las obsoletas infraestructuras madrileñas.
Madrid se vuelca en lo extraordinario y cae en la rutina de lo ordinario y aparente.

4. Establecer nuevos criterios de clasificación del patrimonio urbanístico y arquitectónico, por su valor intrínseco, independientemente de su antigüedad. Recordemos edificios como los de Fisac, de la Sota o Sáenz de Oiza, cuyos recientes derribos indican incultura y generan discontinuidad en el tiempo.

5. Participación ciudadana a través de asociaciones ciudadanas, con poder de decisión y actuación, en una estructura organizada.
Es necesario descentralizar coordinadamente las decisiones que incumben a los barrios y distritos. La participación es fuente de innovación, y empleo, pues los colectivos ciudadanos aportan ideas y pueden ser involucrados.

6. Reorganización de la gestión urbanística por unidades de paisaje.
Los organismos municipales deben actuar por unidades espaciales de forma coordinada y con un criterio único (planeamiento, control de la gestión urbanística y conexión entre obras municipales); un organigrama similar al desarrollado en la época de Tierno Galván.
Lo aquí expuesto está basado en criterios racionales que conducen inexorablemente a construir una ciudad sostenible en la mejor acepción del término. Los organismos complejos, como el cerebro humano o la ciudad, se forman lentamente porque requieren procedimientos complejos que contribuyen a su asimilación y por tanto a su solidez y permanencia”.

Artículo publicado en El País.
Luis Moya es arquitecto y catedrático de Urbanismo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, en la Universidad Politécnica de Madrid