El origen de la torrija se pierde en la noche de los tiempos. Es casi seguro que se inventó en los conventos, como un modo de aprovechar el pan que se empezaba a poner duro, convirtiéndolo en un calórico postre. Posiblemente, las “poderosas” torrijas contribuían a nutrir bien el cuerpo en una época, la Semana Santa, en que era preceptivo el ayuno y la abstinencia de carne. Una rebanada de pan con huevo y leche tiene casi tantas calorías como un filete.
En Madrid se convirtieron en uno de los postres más populares desde el Siglo de Oro. Es uno de los pocos dulces que no solo se vendía en pastelerías sino también en las tabernas, y solía acompañarse con un vasito de vino dulce.
Vamos con un par de recetas muy madrileñas.
Torrijas a la madrileña

Ingredientes:
4 rebanadas de pan, una taza de leche, 2 huevos, un limón, una cucharada de canela en polvo, una taza de azúcar, una ramita de canela, una taza de aceite de oliva.
Preparación:
Calentar la leche en un cazo con la piel de limón, la canela y 1/3 del azúcar. Cocer a fuego suave 5 minutos. Apartar y dejar enfriar.
Colar y poner la leche en un plato hondo. Introducir las rebanadas de pan en la leche y dejarlas empapar ligeramente, colocándolas a continuación sobre una rejilla.
Batir los huevos en un cuenco hasta que estén bien espumosos. Calentar abundante aceite en una sartén, pasar las rebanadas de pan por los huevos batidos y echarlas en el aceite, procurando que no esté demasiado caliente (si se forma espuma en la superficie de la sartén, quitarla con una espumadera). Sacar y escurrir sobre papel absorbente.
Colocar en un plato el resto del azúcar con la canela molida y mezclar bien ambas cosas. Cuando las torrijas estén escurridas espolvorearlas por todos lados. Servirlas templadas o frías.
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Torrijas madrileñas al vino
Ingredientes:
Rebanadas de pan de barra
150grs de azúcar
½ litro de vino (puede ser tinto, pero son más ricas con vino dulce, que se puede rebajar con unas gotas de agua)
½ litro de aceite
3 huevos
Canela molida
Preparación:
Se mojan las rebanadas en el vino. Se rebozan en huevo batido y se frien en aceite bien caliente hasta que se doren. Se escurren, se espolvorean con azúcar y canela, y se dejan enfriar.