Desde el siglo XVI y hasta la mitad del XIX está documentada una intensa actividad de las brujas y brujos en la ciudad de Madrid. El establecimiento de la capitalidad en 1561 hace que hechiceros de toda España, sobre todo de la mitad norte, se establezcan en la Corte, donde la aristocracia y la propia realeza se van a convertir en clientes preferentes de los adivinos.
 Entre las brujas más famosas del siglo XVI estuvieron La Cotovía, La Lechuza, la Milana, Garras de Diablo y la Espinaca. La lechuza fue requerida para intentar curar la mente del supuestamente endemoniado príncipe Carlos (hijo de Felipe II) y se dice que también fue visitada por don Juan de Austria.
En el siglo XVII la actividad ocultista crece como la espuma a causa de la crisis económica.
Es un hecho que las gentes, al no tener expectativas reales de supervivencia, suelen buscar en la magia la solución a sus problemas.
Eso explicaría el auge de los supuestos adivinos en los programas de radio y televisión en nuestros días.
En el XVII ejercían en Madrid gran cantidad de brujas, entre ellas Isabel de Alicante, Leonor Díaz, Ana Gallo, Isabel Cornejo, Catalina Márquez…Gracias a los sumarios de los juicios de la Inquisición conocemos en detalle la actividad de estas mujeres.
En un 80 o 90% , las consultas de la clientela estaban relacionadas con temas de amor.
Las hechiceras se valían de las cartas, los cedazos, las habas, las redomas con agua y otros sistemas para hacer sus adivinaciones, y para solucionar los problemas ofrecían conjuros, ungüentos, pócimas y saquitos con polvos.
En sus consultas se encontraron figurillas de cera, alfileres, tierra de cementerio, calaveras humanas, corazones desecados de cerdo, ranas vivas y muertas, velas, agua bendita, cabellos de muertos, trapos manchados de sangre menstrual…
Se decía que las brujas madrileñas se reunían los sábados por la noche al otro lado del río, cerca de la pradera de San Isidro. El pintor Goya, que residió en la zona, reflejó en sus grabados y en algunos cuadros escenas relativas a estas hechiceras.
En el siglo XVIII y primer tercio del XIX es frecuente la figura de la bruja-prostituta, es decir, supuestas adivinas que no solo atendían problemas de amor sino que los solucionaban ellas mismas.
La actividad de los hechiceros desciende a medida que aumenta la cultura de las gentes y la prosperidad económica.
La Santa Inquisición persiguió la brujería, pero no fue especialmente dura con las brujas, a las que consideraba como simples chifladas. Las condenas más habituales por brujería eran de dos años de destierro. Es cierto que esta siniestra institución llevó a la hoguera a algunas de estas brujas, en casos considerados como graves, pero también es cierto que la quema solo se aplicaba excepcionalmente.
Mientras en países como Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda y Suiza son ejecutadas unas 300.000 personas acusadas de brujería, en España la media de ejecuciones sumarias por esta acusación era de dos o tres al año durante los siglos XVI y XVII.
La Historia de las brujas de Madrid ha permanecido en el olvido durante mucho tiempo, y hoy empezamos a conocer en detalle esta curiosa actividad.
De lo que he podido aprender en los escasos estudios que se han hecho sobre el tema tengo una conclusión: En muchos casos las supuestas brujas no eran sino embaucadoras. Algo parecido a los múltiples adivinos que podemos ver cada noche en la televisión.
De las falsas brujas sabemos mucho, ya que en su mayoría dieron pie a procesos legales ante la Inquisición.
Pero, sin duda también hubo hechiceros que tenían el poder o el don de la adivinación y esta es la parte menos explicable o comprensible de esta historia.
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