Foto: Bernardo Pérez
Una parte nada desdeñable del patrimonio histórico artístico de Madrid permanece oculta a los ojos de la ciudadanía. Es el caso de decenas de iglesias del barroco madrileño, que únicamente permanecen abiertas durante las misas. Nadie se ha preocupado de establecer un horario de visitas. Es el caso también de toda una serie de palacios aristocráticos de los siglos XVII al XIX, que salvo días muy señalados y raras excepciones, son muy difíciles de visitar.
 Madrid tiene miles de kilómetros de patrimonio subterráneo: viajes de agua de hace varios siglos, alcantarillas de la época de Carlos III, pasadizos secretos, refugios de la Guerra Civil…pero no son visitables. 
Los Museos nacionales exponen obras que no suelen suponer más allá del 5 o el 10 por ciento de sus colecciones. La inmensa mayoría de las obras artísticas de los museos se hallan en almacenes donde los ciudadanos no podemos disfrutarlas. Creo que exhibirlas periódicamente sería una oportunidad fácil y económica de ampliar el mermado panorama expositivo actual. 
Interesantes vestigios de la Guerra Civil como trincheras y búnkeres permanecen abandonados o semiocultos en diversos puntos de la ciudad. Los fondos documentales y fotográficos de dicha guerra no han merecido, ochenta años después, una mínima exposición pública. 

Foto: Butarque.com
Los restos reconocibles del Real Canal del Manzanares están totalmente olvidados y deteriorados. 
 En el colmo de la desidia, la tumba de Cervantes, cuya costosa búsqueda de restos hemos financiado los madrileños, no tiene un horario de visitas, ni siquiera en el año en que se cumple el 400 aniversario del genio de las Letras.
¿Hasta cuándo vamos a seguir con este extraño juego del escondite patrimonial?