Dentro de la imaginería barroca madrileña, existe una talla maravillosa de San José con el niño Jesús, realizada en madera policromada por nuestro gran imaginero del siglo XVIII: Luis Salvador Carmona.
Carmona, que trabajó en Valladolid y Madrid, dotó a sus esculturas de cualidades poco frecuentes: sentimiento, ternura y delicadeza a partes iguales.
Aquí, San José deja de ser el santo hierático de otros tiempos, ni tan envarado como su vara, ni tan anciano como su época, sino que nos lo presentan como un padre feliz, orgulloso de su hijo, a punto de caérsele la baba con su bebé.
La imagen se halla en la iglesia de San José, en la calle de Alcalá, 43.