La entrada a las ciudades contemporáneas suele ser un espectáculo atroz, donde se entremezclan nudos de comunicaciones con moles arquitectónicas antiestéticas.
Excepcionalmente, algún edificio construido con imaginación y buen gusto, ha mejorado la imagen de la ciudad que contempla el que a ella llega.
Este era el caso de La Pagoda, edificio construido por Miguel Fisac en 1965.
Durante tres décadas, La Pagoda de Fisac nos alegró la vista al llegar a Madrid por la carretera de Barcelona.
Los valores arquitectónicos del edificio no fueron tenidos en cuenta por el Ayuntamiento, que en 1999 dio permiso a una empresa ligada al Opus Dei para demoler el edificio.
La Pagoda fue destruida, pero su imagen permanece en la mente de todos los que la hemos conocido y apreciado.