UN TECHO EN ESTOCOLMO Y EN MADRID
Hace poco paseando por la ciudad de Estocolmo me llamó la atención no ver a nadie durmiendo en la calle. Es cierto que allí hace mucho frío en invierno, y ello puede ser un factor disuasorio; pero en los estados norteños de EE.UU. los inviernos son igualmente heladores y sin embargo miles de estadounidenses viven al raso.
La explicación es que Suecia ha desarrollado un modelo de prevención y atención al sinhogarismo. Durante décadas las administraciones suecas han invertido en vivienda pública, ayudas al alquiler, alojamiento temporal de transición, pisos con apoyo social e intervención rápida cuando alguien pierde su casa. En Madrid, en cambio, las administraciones locales suelen actuar cuando las personas llevan meses o años durmiendo en la calle, que es cuando más difícil resulta volver a integrarlas en la sociedad. En Suecia se intenta intervenir cuando alguien deja un centro de menores, cuando sale de prisión, cuando recibe el alta psiquiátrica, cuando pierde el empleo y deja de pagar el alquiler, o cuando una familia está a punto de ser desahuciada.
Cada municipio sueco tiene una responsabilidad legal muy importante en materia de servicios sociales. Si una persona se queda sin vivienda, los servicios municipales deben valorar su situación y ofrecer recursos adecuados. No siempre se traduce en una vivienda permanente, pero sí hace que muchas personas pasen por alojamientos temporales, pensiones o pisos con apoyo en lugar de dormir al raso.
Suecia fue uno de los países europeos que más pronto adoptó el modelo Housing First. Esta filosofía rompe con el modelo tradicional. Antes se decía: “Primero deje el alcohol, encuentre trabajo y después tendrá una vivienda”. Housing First invierte el proceso: “Primero tenga una vivienda estable; desde ahí será mucho más fácil tratar las adicciones, la salud mental o encontrar empleo”. La evidencia científica muestra que este enfoque reduce el sinhogarismo crónico y mejora la estabilidad residencial de muchas personas.
En Suecia los desahucios siguen existiendo, pero las administraciones suelen intervenir antes para evitar que una persona termine viviendo en la calle. Hay ayudas económicas, mediación con propietarios y soluciones habitacionales temporales. Otro aspecto que destacan los investigadores es la coordinación entre los servicios sociales, sanitarios, de vivienda y de empleo, algo que contrasta con la descoordinación madrileña.
En Madrid el Ayuntamiento reconoce la existencia de 1.015 personas durmiendo en la calle, una cifra relativa, ya que solo se contabilizan aquellos que han sido localizados por los servicios sociales. En la Comunidad de Madrid se barajan cifras superiores a las 4.000 personas sin hogar. Los albergues municipales son claramente insuficientes, y la lista de espera para acceder a un alojamiento anda en torno a las 842 personas. Son datos suficientemente elocuentes para mostrar el escaso interés de las administraciones locales por el problema.
El investigador Pedro Cabrera ha defendido en varias ocasiones una idea muy cercana a la experiencia sueca: la solución al sinhogarismo no consiste únicamente en ampliar los albergues, que también, sino en evitar que las personas pierdan su vivienda y, cuando eso ocurre, proporcionarles cuanto antes un hogar estable acompañado de apoyo social. Esa estrategia preventiva es una de las grandes diferencias entre el modelo sueco y el que históricamente ha predominado en Madrid.
Una ciudad que aspira a ser acogedora y próspera no puede acostumbrarse a que haya tantas personas durmiendo en sus calles.
Carlos Osorio.
Somos Madrid. El Diario.es. 31-X-2026.