Las primeras amapolas se yerguen como altivas gheisas sobre el verde abrileño.
He ido a ver el huerto de mi cuñado Vicente, cerca de Alcalá de Henares.
Desde que se ha jubilado, Vicente se ha convertido en un hortelano-filósofo, o en un filósofo-hortelano.

En los huertos ecológicos se vuelven a ver los espantapájaros, seres mágicos que antes no faltaban en ningún rincón del campo español y que estuvieron en un tris de desaparecer, sustituidos por los 
C-D roms.

Vicente me regala algunas hortalizas y me siento un ser privilegiado.

Las lechugas están creciendo silenciosamente.
Cuando crezcan, alguien les pondrá voz:
“Estas lechugas están diciendo comedme”