A veces, cuando paso por la plaza del Dos de Mayo me acuerdo de la Taberna del Maragato, con su fachada roja, el color del vino tinto, con su cartela de cristal rotulado a mano…
me acuerdo de aquellos dos taberneros, Francisco Blas y su ayudante, siempre atentos, educados y dispuestos a conversar con el cliente. Y recuerdo, cómo no, su cocina casera y saludable. Aún era posible tomarse unos huevos fritos con pimientos y patatas, unas acelgas rehogadas, unas lentejas…comida sana, comida de verdad. ¡Cómo no recordar aquellos platos caseros, sabrosos y económicos en tiempos de tanta chorradita caramelizada con reducción de vino dulce!
El Maragato, en San Andrés nº 14, abrió en 1871, y en sus últimos tiempos la regentaba un descendiente del fundador. Cerró a comienzos de los años noventa y más tarde fue sustituida por otra taberna, Baztán, que no está nada mal, aunque yo tengo mi nostalgia personal.
En el sótano de la taberna, un pasadizo de ladrillo macizo parece perderse en la noche de los tiempos.
Foto 1: Luis Agromayor
Foto 2: Carlos Osorio
Foto 3: Esther González