En tiempos de Felipe III, los ingenieros públicos crearon una extensa red de viajes de agua que conectaban los manantiales próximos a Madrid con las fuentes públicas y privadas de la capital.
Uno de los viajes más importantes, el del Abroñigal Alto, que nacía en Canillas, era el que abastecía a las fuentes de Lavapiés.
Una de estas fuentes, la de Cabestreros, ha perdurado en el tiempo, aunque en 1934 se hizo una nueva fuente que es la que podemos contemplar actualmente. Es nuestra única fuente que aún mantiene la inscripción de la época republicana: «República Española, Ayuntamiento de Madrid»
Durante siglos, las gentes de los barrios bajos atribuyeron a esta fuente unos efectos potenciadores de la virilidad. Por eso, a los varones que nacían en esta zona de Madrid se les daba a beber agua de Cabestreros, para que fuesen muy machos.
Hoy, esta curiosa costumbre ha caído en el olvido, de la misma manera que las fontanas públicas han caído en el olvido del Ayuntamiento, ya que es esta fuente, al igual que otras muchas, no mana agua desde hace años.
Foto: Carlos Osorio.