Hernando ha sido hasta el presente una de las tiendas más elegantes del centro de Madrid. No en vano fue diseñada por el gran arquitecto Teodoro Anasagasti. Destaca su mobiliario en caoba fabricado por la prestigiosa casa Herráiz y cuyo importe ascendió a dos millones de pesetas de los años 50.

 Nos fijamos en el suelo de mármoles incrustados, la escalera, o las lámparas de cristal de roca, que debido a su peso hubieron de ser ancladas al forjado del techo.
Algunos detalles como las sillas para que se sienten los clientes nos llevan a un tiempo en que el comercio incluía el trato humano y la compra meditada y sosegada.

Hernando se fundó en 1857 en la Puerta del Sol, y se trasladaron a Gran Vía nº 71 en 1957, justo cien años después.
Don Angel García representante de la cuarta generación de propietarios me comentaba, con cierto pesar, que el comercio tradicional de calidad no es lo que prevalece en nuestro actual Madrid.

El 1 de Enero de 2015, Hernando cerró sus puertas definitivamente.
La empresa propietaria del local: Allianze, pretende multiplicar por 10 el precio del alquiler.
El caso de Hernando es el caso de cientos de comercios tradicionales afectados por el final de la antigua ley de arrendamientos en plena crisis del consumo.
Lo llaman la ley de la oferta y la demanda.
Yo lo llamo despojar a una ciudad de sus símbolos, de su carisma y de su capacidad de ser elegante.
Los nuevos propietarios del local no han sabido aprovechar esta valiosa decoración y la han cambiado por completo.