En tiempos en que no había móviles ni maquinitas nos entreteníamos con juegos como el «churro», también conocido como «el burro».
El juego era más o menos así: El equipo A se colocaba en fila con la cabeza de uno en el trasero del anterior, formando una especie de burro con muchas patas (por eso también se llamaba burro) y los del equipo B tenían que saltar encima y quedar montados sin caerse.
Entonces, el primero que había saltado se cogía la mano, el antebrazo o el hombro y los que estaban doblados, sin verla, tenían que adivinar dónde estaba su mano:
Esta podía estar en el churro (muñeca) en el antebrazo (mediamanga) o en el hombro (mangotero).
La presencia de un gordito como el de la foto para amortiguar los golpes era de agradecer.
Se lo pasaba uno en grande y de paso se hacía ejercicio…aunque el churro nunca llegó a ser deporte olímpico…ni falta que le hacía.