Estoooo….¿De qué iba yo a hablar? Ah, sí: Queridos amigos, para crear un restaurante cool y trendy y situarlo rápidamente en el top-ten-foodie-madrileño necesitamos un local, preferiblemente en Chueca, Malasaña, u otro barrio de moda.
Decorarlo no tiene por qué ser complicado. Harán falta varias decenas de tuberías y hierros que podemos obtener en cualquier desguace y que clavaremos al techo del local.
Unas sillas y mesas viejas que hallaremos en cualquier contenedor de escombros nos servirán de mobiliario.

Bien, ya tenemos el local decorado, ahora solo falta la comida. En un gran barreño, haremos una pasta viscosa o engrudo a base de harina y queso industrial, la podremos en recipientes diversos, la daremos distintas formas tamaños y la pintaremos de diferentes colores.

Lo más importante de la comida no es el sabor, sino el nombre que le pongamos al plato. Si la pasta nos ha salido de un color indefinido, la podemos llamar “Reducción de hummus con crudites”, si la pasta es anaranjada le ponemos “magret de pato con chutney de mango” y si nos sale marrón oscuro: “tartar de atún revuelto con risotto de boletus”
No tengas problemas si te parece que todo sabe a lo mismo. Tus clientes potenciales han sido criados a base de pizza y hamburguesa (sus padres no han querido contrariarles en ningún momento) y tienen atrofiado el paladar.
Además, durante la cena todo el mundo va a estar wasapeando y haciéndose selfies y en lo último que se van a fijar es en la comida.

Con todo bien preparadito, le encargamos a una agencia de comunicación que nos haga la promoción y busque los clientes en las redes sociales y comenzamos a forrarnos.
¿A que mola la idea?
Tu clientela está esperando a que abras las puertas!!