La apertura de las esclusas del Manzanares a su paso por Madrid ha puesto al descubierto una serie de islotes arenosos donde crece la exuberante anea, y donde las aves acuáticas han pasado a ser propietarias de sus propias islas.
En la imagen, un pato azulón y una garza real se miran como advirtiéndose que cada cual tiene su islote.
Son parte de la fauna voladora del río, lo mismo que las gaviotas, cormoranes, gallinetas, fochas, y otras especies.
La zona que mejor ha quedado al naturalizar el río ha sido la comprendida entre los puentes del Rey y de Toledo. Sin embargo, el resto de los tramos urbanos están un tanto desangelados con esta bajada del nivel de las aguas.
Foto: C. Osorio.