Existe la creencia (un tanto legendaria) de que el primitivo blasón de Madrid, antes del siglo XIII, estaba formado por una piedra que surgía del agua. Además, habría tenido estas dos frases:
“Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”
Leyendas que aludían a la abundancia de agua, por un lado, y a las murallas de pedernal que producían chispas y fuego al contacto con los proyectiles.
A comienzos del siglo XIII, los madrileños tienen como emblema un oso pasante (o una osa a cuatro patas) que representa a la constelación de la Osa Menor.
En 1222, se añade un árbol, un madroño, y la figura del oso pasa a estar de pie (en posición rampante)
Fue Carlos V quien otorgó al escudo de Madrid la corona real, recordando nuestra condición de Villa, es decir, de ciudad bajo el señorío del rey.
En 1859, el Ayuntamiento constitucional decidió incorporar al escudo de Madrid un dragón alado. Se trataba de recordar al dragón que aparecía esculpido en piedra sobre una de las principales entradas a Madrid, la Puerta Cerrada, que estuvo en el inicio de la calle de Segovia.
Finalmente, a mediados del siglo XX se decidió suprimir el dragón del escudo, pues no había base histórica para sostener que el dragón hubiera tenido una significación importante en la historia madrileña.
El escudo oficial de Madrid tiene el oso (u osa) y el madroño, con las siete estrellas y la corona regia.