Una tras otra han ido cayendo las cafeterías históricas del centro de Madrid.
Con el cierre de las cafeterías Nebraska, producido en esta misma semana, tenemos que ir diciendo adiós a un modelo que hizo historia, el modelo de cafetería elegante y de calidad donde los madrileños nos juntábamos con amigos y familiares para compartir ratos de café y conversación.

Al igual que desaparecieron los grandes y magníficos cafés de la Puerta del Sol y de la calle de Alcalá (recordemos que solo en la Puerta del Sol hubo siete cafés de tipo histórico-artístico), las cafeterías de Gran Vía y Alcalá, testigo del Madrid vital y cosmopolita de la segunda mitad del siglo XX, han caído.

Manila, Fuyma, Zahara, y ahora Nebraska, desaparecen como desaparecieron California, Alaska o Riofrío
Con ellas no solo se pierde un tipo de negocio, se pierde parte de la historia viva de la ciudad.
También se pierde un modelo de atención al público basado en la atención y la calidad:
camareros profesionales que atendían al cliente con cordialidad y sin prisas, desayunos y meriendas al estilo autóctono, productos de calidad.
Lo que viene son las franquicias despersonalizadas, con empleados subcontratados y mal pagados, donde ya no te ponen el café en una taza de loza, que es como sabe bien, te lo ponen en un biberón de plástico con el que te quemas los dedos. Con el té otro tanto, te lo ponen en una bañera para que te entretengas pescando la bolsita. Y la bollería tradicional española pasa a ser bollería norteamericana industrial y tóxica.

¿A qué se debe el cierre de las cafeterías?

Hay múltiples factores en todo esto, pero tenemos varias hipótesis:
En primer lugar, los madrileños hemos ido poco a poco adoptando un ritmo de vida vertiginoso, con un  horario de trabajo prolongado, y hemos perdido momentos de disfrute de la vida y de trato social como eran: el segundo desayuno, el aperitivo, la merienda…
Por otra parte, vivimos en una sociedad alienada que ha sustituido la calidad por el precio, lo nuevo por lo bueno y la clase por la moda.
El modelo de economía neoliberal ataca fundamentalmente los establecimientos tradicionales y los productos elaborados con paciencia, gusto y esmero. A cambio nos trae locales de consumo rápido con productos de bajo coste, baja calidad y rápida producción.
El abuso del márketing ha causado estragos.
La paulatina conversión del centro histórico en un parque temático para turistas y la especulación han ido destruyendo el comercio tradicional. La falta de apoyo por parte de las administraciones públicas (cuando no el hostigamiento directo) a este tipo de comercio ha hecho el resto.